¿Qué rechazamos el 4 de septiembre?
Rechazamos el Estado Laico y lo volveremos a rechazar

 

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La academia, los centros de estudios y los partidos políticos, incluso los que están detrás del gobierno, empieza a desentrañar las razones del resultado plebiscitario, que fue un verdadero estallido social de repercusiones cósmicas, y en este desarrollo solo los personeros de gobierno partiendo por el Presidente se ven como marginados, como ajenos, como desubicados. El Presidente en tanto Jefe de Campaña del Apruebo y su gobierno en tanto el Comando del Apruebo deben entender que el mazazo fue para ellos, porque asumieron como sucesores naturales de los convencionales y se matricularon como distribuidores fanatizados del texto constitucional.

¿Qué rechazaron esos ocho millones de ciudadanos el domingo 4 de septiembre pasado? En el discurso presidencial se dijo, “el maximalismo, la violencia y la intolerancia” y en la opinión del liderazgo opositor se apunta a los “maximalismos, la violencia como medio de acción política, el afán refundacional y la plurinacionalidad”. Suscribo lo que dice el diputado republicano José Carlos Meza: "Chile rechazó el proyecto institucional del Frente Amplio y la izquierda radical; rechazó a una generación arrogante de políticos que se ha auto percibido como superior moral y políticamente. Que esto les sirve de golpe de golpe golpe realidad".

Desde nuestra perspectiva evangélica, la inmensa mayoría de los chilenos rechazan el marxismo como filosofía política, como ideología de los dos tercios de los convencionales y como savia del articulado constitucional. Don Raúl Tortolero, escritor y doctorado en Derechos Humanos describe el texto constitucional como “la borrachera del marxismo posmoderno. Los cambios planteados en tal propuesta legislativa chilena sin duda alguna se basan en un conjunto de teorías coincide dentro del marxismo posmoderno, y que toman forma en el supremacismo progresista, como la ideología de género, el supremacismo feminista, el supremacismo LGBT, el supremacismo indigenista , y el supremacismo ecologista”.

Y, desde nuestra votación evangélica, lo que rechazamos fue el Estado Laico (Artículo 9), y el Sistema de Educación Pública de carácter laico (Artículo 36), porque destruyen sustantivamente nuestra libertad religiosa, al eliminar el aporte religioso en el ámbito público. Los evangélicos queremos libertad para predicar en las calles y plazas del país ya través de los medios de comunicación social, pero también queremos, seguir haciendo clases de religión evangélica en las escuelas y liceos, haciendo capellanía en las FFAA, hospitales y cárceles, similares en La Moneda y en el Congreso. Advertimos que, volveremos a rechazar si la nueva propuesta constitucional vuelve a repetir la frase, el Estado es laico.