Obispos lefebvrianos ordenados obispos lefebvrianos excomulgados
Una necesaria opinión evangélica

Algunos medios de comunicación europeos están comparando el cisma lefebvriano con el cisma luterano, y si bien la demografía no la justifica, si tiene algunos paralelismos. Efectivamente la analogía es super desmesurada, porque compara los anacronismos de medio millón de católicos rebeldes sedevacantistas con la ruptura religioso-política que dividió a un continente entero separando a millones de personas incluidas sus dinastías, de forma definitiva e irreversible de la curia romana y de la Iglesia Católica. El paralelismo está en la teología deicida que inspira los pogromos y los discursos de odio de ambos desventurados.
El lefebvrerismo nace única y exclusivamente para rechazar las “Constituciones, Decretos y Declaraciones” emanados del Concilio Vaticano II realizado entre el 11 de octubre del año 1962 hasta el 8 de diciembre del año 1965, y que es el evento histórico, teológico y político más copernicano de la Iglesia Católica desde el Conclio de Trento del año 1563. Atención a los vaticanistas, hay autores, entre ellos Joseph Ratzinger, que señalan que ambos son considerados los dos concilios más trascendentales, influyentes y revolucionarios de la historia moderna de la Iglesia Católica.
Entre los documentos conciliares que rechazan los lefebvreristas está la “Declaración Nostra Aetate”, que a juicio de nosotros los cristianos dispensacionalistas, representa una contribución al desarrollo de la teología bíblica y de la hermenéutica ortodoxa. Nostra Aetate declara que: “Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy, además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos.” (Roma, en San Pedro, 28 de octubre del año 1965)
El medio millón de lefebvreristas siguen odiando a los judíos y acusándolos de deicidas, de ser los “asesinos de Cristo”, ignorando y despreciando certeramente al apóstol Pedro, a Juan y a las autoridades de la iglesia de Jerusalén, quienes en una ferviente oración a Dios declararon: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra su santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. (Hechos 4:27 y 28). Señores lefebvreristas, les es muy difícil entender y aceptar la Sagrada Tradición de la Iglesia que, al desclasificar a los asesinos de Cristo, sindicando a: Herodes, Pilato, los gentiles y el pueblo de Israel, nos está revelando que todos matamos al Señor.
