MAGNIFICA HUMANITAS: Una opinión evangélica

La primera encíclica de Leone PP. XIV es un gran documento, que agrega una argumentación sólida a la propuesta bioética cristiana frente a las pretensiones del transhumanismo, y desde una nutrida fundamentación desde la Doctrina Social de la Iglesia llama a desarmar la Inteligencia Artificial para impedir que está tecnología que no tiene moral, pueda dominar al ser humano. No proviene de una mirada tecnofóbica, sino profundamente humanista, con la esperanza que la IA pueda ayudar al hombre, pero nunca pretender redefinirlo, sobrepasarlo y menos bionizarlo.
La Inteligencia Artificial es parte nuclear de la propuesta transhumanista que tiene por objetivo principal transformar la condición humana mediante el desarrollo y la aplicación de tecnologías que mejoren las capacidades físicas, cognitivas y psicológicas de las personas. Busca incrementar la fuerza, la resistencia y los sentidos a niveles superiores a los naturales, aspira a expandir la memoria, el enfoque y la velocidad de procesamiento mental, pretende ralentizar, revertir o eliminar el envejecimiento celular para erradicar enfermedades y propone que la humanidad tome el control de su propia evolución mediante el diseño tecnológico, es decir el mismo vetusto, trasnochado y tautológico sueño ideológico de crear un hombre nuevo.
El transhumanismo mira al hombre actual como un feble producto de la evolución, no como una creación especial, hecho a imagen y semejanza de Dios, capaz de relacionarse y alcanzar un nivel de cercanía como hijo frente a su creador. El transhumanismo niega y refuta que ciegos, sordos, mudos y paralíticos fueron sanados por Jesucristo, y se coleriza cuando escucha que Jesús resucitó a Lázaro, al hijo de la viuda de Naín y a otros muchos el día que el mismo derrotó a la muerte allí dentro de la tumba. Ciertamente el transhumanismo ignora voluntariamente que el hombre fue hecho un poco menor que los ángeles y que estos no se enferman, vuelan, aparecen furtivamente, desaparecen y uno solo de ellos en una noche puede eliminar a 185 mil soldados de un imperio.
Y ciertamente, el transhumanismo con la ingeniería genética, la inteligencia artificial, los ciborgs, la nanotecnología y la criogenización no logrará alcanzar y siquiera igualar la incorruptibilidad que se experimentará en 60 milisegundos el día del arrebatamiento de la iglesia. Ese día, “todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados, porque es necesario que esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad… seremos arrebatados con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1ª Cor. 15: 52-54: 1ª Tes. 4:17)
