El sedimento del anatema
Militar en un PP es el único camino viable para llegar a gobernar

 

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Durante cien años los evangélicos pentecostales escucharon a sus pastores y obispos predicar que, “la iglesia no debe preocuparse de los problemas sociales y políticos del país, que hacerlo sería antibíblico, y que las organizaciones sociales como las Juntas de Vecinos, los sindicatos y particularmente los Partidos Políticos, contaminan todo el cuerpo del hombre, que son cosas del mundo, que no son cosas espirituales, y que no son lugares para un cristiano, que el creyente debe separarse de ellos, que dan mala reputación al evangelio, que quitan tiempo que le pertenece a Dios, que hacen reuniones donde no se puede dar tres glorias a Dios y que ya hemos salido del mundo”. Estas expresiones vertidas por pastores pentecostales estan contenidas en el “Refugio de las Masas” un libro escrito por el sociólogo suizo Christian Lalive d’Epinay en el año 1966, y eran las respuestas a los cuestionarios del investigador, porque para las congregaciones usaban frases como: “La política es del diablo y los Partidos Políticos son anatema”. A este dogma, hay que añadir que muchos de los pastores incluso maldecían la acción de votar. Lalive calificó la conducta pentecostal como “huelga social”

Se puede decir que a partir del mes de diciembre del año 1974 empieza una nueva etapa en la actitud evangélica pentecostal hacia la política, en esa fecha los obispos hicieron una Declaración Pública en la cual manifestaron su posición, frente a los tres años del gobierno de la Unidad Popular y a lo ocurrido el 11 de Septiembre del año 1973. Esta Declaración que algunos académicos progresistas con orígenes evangélicos soslayan, ningunean, minimizan y aún niegan, representaba el sentir del todo el pueblo pentecostal chileno y aún del mundo protestante, ya que también fue firmada por el pastor bautista Luis Mussiett. En la Declaración las iglesias evangélicas pentecostales asumieron una posición firme contra el marxismo internacional acusando a sus líderes nacionales de “producir el caos y el quiebre de la institucionalidad, conduciendo a la Patria a una muerte gradual envenenada por el odio y la destrucción de nuestros valores más preciados”. Asimismo, calificaron que, “el pronunciamiento de las Fuerzas Armadas fue la respuesta a la oración de todos los creyentes que ven en el marxismo la fuerza satánica de las tinieblas en su máxima expresión”.

El 6 de agosto del año 2016 las iglesias evangélicas pentecostales refuerzan su conducta contraria a la izquierda, esta vez representadas por el gobierno de la expresidenta Bachelet apoyada por la coalición llamada la Nueva Mayoría quienes impulsaban políticas de aborto, matrimonio homosexual y eutanasia. Ese día sábado, el liderazgo pentecostal declaró que: “la iglesia participará activamente en los tema de la contingencia nacional, rechazando de forma absoluta la agenda de proyectos de ley que están siendo promovidos en el Congreso de la nación, atentado frontalmente contra nuestros principios y valores, y con miras a las próximas elecciones parlamentarias, estamos generando una coordinación nacional para capacitar y proyectar, candidatos para dichas elecciones parlamentarias. Hacemos un llamado al pueblo evangélico, y a quienes comparten nuestros valores, a que el día 23 de octubre, concurran a las urnas, y apoye con su voto a los candidatos a concejales y alcaldes evangélicos, que postulen en las próximas elecciones municipales en todo el país”.

Sin embargo, el entendimiento que la iglesia pentecostal tiene una responsabilidad política todavía tiene un sedimento de anatema. De las siete iniciativas para formar un Partido Político de inspiración evangélica cinco han fallado, está bien que los obispos y pastores no se inscriban, está bien que no sean militantes, pero, ¿y los cientos de miles de evangélicos que hay cada comuna, provincia y región, por qué no se inscriben? Hay que despegar el sarro. Militar en un partido político es el único camino viable para llegar al Concejo Municipal, al Congreso y al gobierno, hay tres Partidos Políticos coincidentes con nuestros valores cristianos; Nuevo Tiempo en el norte, Conservador Cristiano en el Sur y el Republicano. Y ahora, gracias a su Santo Espíritu, que se ha logrado unir al pueblo evangélico para votar rechazo, se hace la advertencia que, “el voto evangélico no adhiere a Kast y que el mundo evangélico hace su propia reflexión”. Es el sarro que va quedando. ¿Si el voto evangélico no adhiere a Kast, a quien adhiere? ¿A Lavín? ¿A Matthei? ¿A Jadue? ¿A la Bea Sánchez? ¿A Meo? Que yo sepa, no tenemos ningún candidato evangélico a la presidencia que se llame “Reflexión”

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